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El heroísmo de la vejez: “Llega la negra crecida”, de Margaret Drabble

Título original: The Dark Flood Rises
Año de publicación: 2016
Edición:
Sexto Piso, 2018 (trad. Regina López Muñoz)
Páginas: 336
Precio: $350.00
ISBN: 978-84-16677-60-3

“La propia vejez sí es un tema para el heroísmo. Requiere mucho valor”, piensa Francesca Stubbs, la protagonista de este libro, una mujer de más de 70 años que trabaja para una institución benéfica que busca mejorar la calidad de vida a los ancianos. Pese a su edad, Fran goza de salud y ha logrado mantenerse activa y sin depender de nadie. Es una mujer en movimiento, pre-ocupada por las necesidades de ese sector vulnerable de la sociedad que son las personas mayores, pendiente además de sus amigos y seres queridos, a los que no duda echar una mano cuando puede.

Claude, su ex marido, semipostrado en una cama articulada y prácticamente imposibilitado de salir de casa; Josephine, una profesora de literatura que vive en una sofisticada casa para ancianos; Theresa, su amiga de la infancia que padece un cáncer terminal, así como el decano historiador Bennett Carpenter, quien pasa sus últimos años en las islas Canarias, son algunas de las personas que de alguna u otra manera están presentes en la vida de Fran.

En su mayoría académicos que han dedicado su vida al arte, la literatura o la historia, los protagonistas de Llega la negra crecida son seres consientes del estado de sus cuerpos y sus mentes, del deterioro que el paso de los años ha traído consigo: de los fallos de su memoria, del cansancio y el dolor cada vez más frecuentes. Seres que, sin embargo, no han perdido del todo la vitalidad y tratan de vivir lo mejor que pueden. Fran, por ejemplo, está convencida de que, aunque ya no tiene la regla, sigue siendo la mujer de siempre, “la que antaño fue la chica sangrante”.

La vejez, con su inevitable cercanía de la muerte, es el tema de este libro firmado por la gran escritora británica Margaret Drabble (Sheffield, 1939), de la que Sexto Piso ha editado, con ésta, dos de sus novelas. Como dice Claude, el ex marido de Fran: “de la vejez sólo se escapa muriendo joven”, y los que llegan a ella deben soportar “las humillaciones de la edad”. Sobre todo en una época en la que, como reflexiona la autora, hay un empeño por alargar la vida de las personas mayores que atenta contra su dignidad:

“(Fran) No puede evitar ver la vida como un viaje, como una peregrinación, de hecho. No está muy de moda en la actualidad, pero es su planteamiento. La vida tiene un destino, un final, unas últimas palabras. No deja de asombrarla y de atormentarla que ahora, en pleno siglo XXI, estemos inventando incontables maneras de diferir la sensación de llegada, la sensación de llegar a un final preciso. Sus inspecciones de modelos en constante evolución de centros especializados y residencias de ancianos la han hecho tomar conciencia de los infinitos aplazamientos y mecanismos, agudos, complejos e inhumanos, que creamos para evitar y negar la muerte, para evitar cumplir nuestro sino y alcanzar el destino último. Y el resultado, en muchísimos casos, ha sido que al final llegamos al momento de despedirnos y dar la bienvenida al más allá no con buena disposición sino inconscientes, incontinentes, dementes, medicados hasta la amnesia, la afasia, la indignidad. Viejos idiotas que no tuvieron el valor de tomarse ese último whisky y prenderle fuego a las sábanas con el último cigarro” (p. 32).

Sin embargo, no todos tienen el alivio de ser demasiado viejos para morir jóvenes: a veces la muerte llega sin previo aviso y se lleva a quien menos imaginábamos. Pérdidas inesperadas y sobrevivencias también inesperadas hay en este libro que nos recuerda lo irónica que llega a ser la muerte y su capacidad para estremecernos en cualquier circunstancia.

Drabble narra ese “viaje a lo desconocido” que es envejecer con gran sensibilidad y una asombrosa erudición. De manera sutil, jamás forzada, va hilando los sucesos que ocurren a sus protagonistas con citas de autores que han escrito en torno del tema. En su relato, las alusiones a Simone de Beauvoir y a Samuel Becket resultan de lo más pertinentes. A propósito: el título de la novela, que a primera vista puede parecer extraño, fue tomado del poema de “El barco de la muerte”, de D. H. Lawrence:

“Despedazado muere el cuerpo, y el alma tímida
ya pierde pie cuando llega la negra crecida”.

Aunque en una parte del libro la autora comenta que “vida y narrativa disponen de muchos trucos y sorpresas”, en su novela no hay grandes dramas ni vueltas de tuerca metidas con calzador. El curso que toman los acontecimientos, el destino de sus protagonistas, se percibe como natural, como si no pudiera ser de otra manera. La prosa de Margaret Drabble no es artificiosa, es profunda y reflexiva. De una admirable empatía. Mientras que sus protagonistas tienen, en efecto, algo de heroicos, ya que han decidido enfrentar con la mayor dignidad posible los sinsabores de la vejez. Así como la cercanía de la muerte.

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