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La hija del optimista – Eudora Welty

Título original: The Optimist’s Daughter
Año de publicación: 1972
Edición: Impedimenta, 2009 (trad. José C. Vales)
Páginas: 222

Eudora Welty (Jackson, Mississippi, 1909-2001) es una de las escritoras estadounidenses más destacadas del siglo XX. Contemporánea de autores como William Faulkner y Truman Capote, es una admirada cuentista y novelista. La hija del optimista, su última novela, es considerada su obra maestra.

Publicada en 1972 y ganadora del premio Pulitzer un año después, narra la historia de una familia marcada por la enfermedad y la muerte. Empieza con la llegada del juez McKelva a un hospital de Nueva Orleans, acompañado de Laurel, su única hija: una viuda de mediana edad que trabaja como diseñadora en Chicago, y de Fay, su segunda y joven esposa, frívola y egoísta. El juez, un hombre que siempre se había caracterizado por su optimismo, es sometido a una cirugía de un ojo, pero, tras una larga convalecencia, muere.

La novela está dividida en cuatro capítulos. En el primero, que transcurre en el hospital, vemos a una Laurel preocupada y pendiente de su padre; en el segundo, vuelve a la casa de su infancia en Mount Salus (Mississippi) para enterrarlo; en el tercero, recorremos con ella esa casa cuyas habitaciones le traen tiernos y doloridos recuerdos; mientras que, en el cuarto, regresa a Chicago.

Se trata de un viaje geográfico pero también temporal: un viaje al pasado, por todos los recuerdos y las emociones que acuden a Laurel conforme avanza la historia. El enfrentamiento con el deterioro físico y psicológico de los seres que se ama, así como lo difícil que resulta sobrevivirlos (Laurel, además de a su padre, ha perdido a su madre y a su esposo) son algunos de los temas que plantea la novela.

La prosa de Welty es elegante y delicada; y su narración, ágil, gracias sobre todo a los diálogos de los primeros capítulos. La hija del optimista es, sin embargo, una novela sosegada, contenida. Corre el riesgo de parecer insípida si no se repara en los significados de detalles apenas dichos: ¿Qué sentimientos y pensamientos removió en el juez McKelva, por ejemplo, la contemplación del rosal de su jardín previa a su problema de visión? ¿La afectación de su ojo responde sólo a una cuestión física?

De lo que no hay duda es de que La hija del optimista es una novela de altos vuelos literarios. Una excelente opción para acercarse a una escritora menos célebre que varios autores de su generación, pero que tiene un simbólico mundo propio, lleno de emociones latentes.

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