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La maldición de Eva – Margaret Atwood

Título original: Curious Pursuits
Año de publicación: 2005
Edición: Lumen, Barcelona, España, 2006, prólogo de Mercedes Monmany, traducción de Montse Roca, 123 pp.

Margaret Atwood (Ottawa, 1939) es una de las escritoras más destacadas del panorama literario internacional. Frecuente candidata al Nobel, su deslumbrantes novelas El cuento de la criada (1985) y Alias Grace (1996) han tenido un segundo aire gracias a la producción de series de televisión basadas en ellas. Además de novela, Atwood ha escrito cuento, poesía y ensayo. Su obra es prolífica y admirablemente lúcida. Por lo que asomarse a los 12 textos incluidos en La maldición de Eva, en los que reflexiona sobre su propia escritura, es realmente una delicia.

Como señala Mercedes Monmany en el prólogo, se trata de escritos agrupados bajo el título de “ensayos” que en realidad son de naturaleza diversa. Hay conferencias, respuestas a un cuestionario, una carta… No obstante, los une una rica combinación de historias personales con agudas reflexiones en torno a la creación literaria: sobre lo que significa ser una mujer escritora, los retos que implica la creación de personajes femeninos y masculinos, así como la influencia de diversos autores en su obra.

Pero vayamos por partes. “La maldición de Eva, o lo que aprendí en el colegio” es el potente ensayo (consideraré a estos textos como tal porque me parece que de, un modo más o menos convencional, todos lo son) con el que abre el libro. En él, la autora canadiense explica por qué en esta sociedad es más difícil ser escritora que escritor: “Los escritores –dice–, tanto los hombres como las mujeres, han de ser egoístas para tener tiempo de escribir, pero las mujeres no están entrenadas para ser egoístas”. Y si dedican su vida a escribir, sostiene, son consideradas “excéntricas” o “no buenas” mujeres, esposas o madres. Ahí están, si no, las biografías de Jane Austen, las hermanas Brontë, George Eliot, Emily Dickinson o Sylvia Plath…

Luego, añade: “En esta sociedad es más difícil ser mujer escritora que hombre escritor. Pero no por innatas diferencias hormonales o espirituales; es más difícil porque así ha sido y los estereotipos aún anidan entre nosotros (…). Se sigue esperando de las mujeres que sean mejores que los hombres”.

En “Crear el personaje masculino”, Atwood ironiza sobre la indignación que han llegado a generar entre la crítica los personajes masculinos creados por escritoras: “Si un hombre describe a un personaje masculino de manera negativa, es la condición humana; si lo hace una mujer, está siendo injusta con los hombres”.

Este ensayo incluye asimismo su célebre frase sobre el miedo de las mujeres a que los hombres las maten:

“‘¿Por qué los hombres se sienten amenazados por las mujeres’, le pregunté a un amigo varón. (…) ‘Tienen miedo de que las mujeres se rían de ellos –dijo él–, de que ridiculicen sus puntos de vista’. Luego les pregunté a varias estudiantes de un seminario de poesía que estaba impartiendo: ‘¿Por qué las mujeres se sienten amenazadas por los hombres?’. ‘Tienen miedo de que las maten’, contestaron”.

“Así que –concluye– uno puede pensar que en ciertas novelas escritas por mujeres el comportamiento tan poco encomiable de los personajes masculinos no está necesariamente ligado a una visión perversa del sexo opuesto de las autoras”.

La escritora canadiense también reflexiona sobre la creación de personajes femeninos. En “Villanas de manos manchadas. Los problemas del mal comportamiento femenino en la creación literaria” se pregunta:

“Pero, ¿no es verdad que hoy en día se considera, digamos antifeminista, describir a una mujer portándose mal? ¿No se supone que el mal comportamiento es un monopolio masculino? ¿No es eso lo que hoy en día se supone que debemos pensar, al margen de lo que ocurra en el mundo real?”.

A lo que responde:

“Las mujeres malvadas son necesarias en los relatos tradicionales por dos razones (…). Primera, que si existen en la vida real, ¿por qué no deberían existir en la literatura? Segunda, que a lo mejor es lo mismo dicho de una forma distinta: las mujeres son algo más que virtuosas. Son seres humanos multidimensionales; ellas también tienen facetas ocultas; ¿por qué no ha de tener esas facetas multidimensionales su expresión literaria?”.

En “Nueve comienzos”, Atwood contesta a la típica pregunta “¿Por qué escribe usted?”. Mientras que en “Situaciones ridículas” relata con humor tres circunstancias incómodas en las que se ha visto envuelta a lo largo de su carrera como escritora.

“La mujer indeleble” y “George Orwell. Algunos nexos personales” son dos hermosos ensayos en los que la autora escribe sobre las diferentes lecturas que hizo en su juventud y en su madurez de Al faro de Virginia Woolf, así como de la influencia que han tenido los libros de Orwel en su obra, particularmente en El cuento de la criada.

Finalmente, en “Carta a América”, Atwood expresa su preocupación por la invasión de Estados Unidos a Irak tras el ataque a las Torres Gemelas.

En resumen, La maldición de Eva es un libro excepcional por la agudeza y la transparencia con las que Atwood reflexiona en torno a la representación de las mujeres en la literatura, ya sea como escritoras o como protagonistas de cuentos o novelas. Es un libro de una inteligencia extraordinaria, que permite conocer la brillante faceta de ensayista de la célebre autora de El cuento de la criada.

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