la sombra del caudillo martin luis guzman

La sombra del caudillo – Martín Luis Guzmán

Año de publicación original: 1929
Edición: Obras completas II, prólogo de Rafael Olea Franco, FCE, INEHRM, México, 2010, 709 pp.

-O nosotros le madrugamos bien al Caudillo -decía Olivier- o el Caudillo nos madruga a nosotros; en estos casos triunfan siempre los de la iniciativa. ¿Qué pasa cuando dos buenos tiradores andan acechándose pistola en mano? El primero que dispara, primero mata. Pues bien, la política de México, política de pistola, sólo conjuga un verbo: madrugar. (p. 158)

Este es uno de los pasajes más célebres de La sombra del caudillo, novela del escritor mexicano Martín Luis Guzmán (Chihuahua, 1887-Ciudad de México, 1976) que suele agruparse dentro de la llamada “novela de la Revolución mexicana”. Como Mariano Azuela y Nellie Campobello, Guzmán fue un testigo privilegiado de la lucha armada que sacudió al país durante la segunda década del siglo pasado. Pero, a diferencia de ellos, el escritor chihuahuense no se centra en esta novela ni en su excelente crónica El águila y la serpiente (1928) en las hazañas o en los abusos de los revolucionarios de a pie. Se interesa, más bien, por las figuras de mayor relieve, por aquellas que llegaron al poder. Como ha dicho Juan Villoro: si Azuela escribió sobre Los de abajo, como también lo hizo Campobello en Cartucho, Guzmán escribió sobre “los de arriba”.

Precisamente, fue un crimen ordenado desde la alta esfera política el que inspiró a Guzmán a escribir La sombra del caudillo: la matanza del general y ministro de Guerra Francisco Serrano junto con 13 de sus aliados políticos en Huitzilac, Morelos, el 3 de octubre de 1927. Serrano se había lanzado como candidato a la Presidencia en una abierta oposición a la reelección de Álvaro Obregón.

La rebelión de Adolfo de la Huerta ocurrida años antes, en 1923, también le sirvió al escritor e intelectual mexicano para dar forma a la novela. De manera que la situación política descrita en casi todo el libro se asemeja a la vivida por De la Huerta, quien rechazaba que Plutarco Elías Calles sucediera en la presidencia a Obregón. Mientras que el final está basado en la matanza de Serrano y su grupo. (Perdón por el spoiler pero es imposible hablar de La sombra del caudillo sin aludir a este hecho). Los protagonistas, asimismo, están claramente basados en personajes de la política: el Caudillo está inspirado en Obregón; Ignacio Aguirre, en De la Huerta y Serrano; Hilario Jiménez, en Calles, mientras que Axcaná González, alter ego de Guzmán, es un intelectual que representa la verdadera conciencia revolucionaria.

Basada en estos hechos, La sombra del caudillo narra la historia del general Ignacio Aguirre, ministro de Guerra que acepta la candidatura a la Presidencia del partido opositor del gobierno, lo cual significa su ruptura con el presidente de la República, el Caudillo, quien pretende que su sucesor sea el ministro de Gobernación, Hilario Jiménez. Dicha decisión deriva en una sucia y violenta guerra electoral.

Si algo deja ver la brillante novela de Guzmán es la omnipresencia del poder del caudillo, esa figura de autoridad surgida de la Revolución que, además de poder militar, concentra poder político. Guzmán representa dicha omnipresencia con una sola aparición del Caudillo en la novela, cuando Aguirre se entrevista con él para desmentir los hasta entonces rumores de sus aspiraciones presidenciales. El caudillo no necesita salir más en la historia para que quede claro la inmensa sombra de su poder, que alcanza a todo el sistema político, a todos sus partidarios y a quienes no lo son.

Varias cosas pueden comentarse sobre el valor literario de La sombra del caudillo, la mejor “novela de la Revolución” para algunos críticos, y la primera gran novela política mexicana para otros. La primera es la poderosa metáfora que Guzmán hace de la política mexicana con base en un juego de luces y sombras. Lo oscuro, lo sombrío, por supuesto recae del lado del Caudillo y los suyos. La segunda es la asombrosa capacidad del autor para mantener la tensión narrativa con base en una violencia de los partidarios del Caudillo que se presenta in crescendo. La exactitud con la que retrata la brutalidad y la corrupción de los gobiernos derivados de la Revolución es también digna de elogio.

Esa crítica lúcida y deslumbrante a la “política de pistola” le costó a Guzman que su novela fuera censurada. Las entregas en el periódico El Universal fueron interrumpidas. Además de que, una vez publicada como libro, la editorial española Espasa-Calpe tuvo que comprometerse a no publicar ninguna obra del autor cuyo tema fuera posterior a 1910 para evitar que cerraran su oficina en México. Como es sabido, la censura también alcanzó a la película, que dirigió Julio Bracho en 1960 y permaneció “enlatada” hasta 1990. Por lo que hoy es considerada una cinta de culto.

A casi 91 años de su publicación, la novela de Martin Luis Guzmán no envejece. No sólo porque los vicios narrados en ella no han desaparecido de la política mexicana, sino porque sigue dándonos lecciones narrativas. Se trata de una lectura fundamental para entender la historia política del país y de una pieza clave de nuestra historia literaria.

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