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Los convidados de agosto – Rosario Castellanos

Año de publicación: 1964
Edición: Era, vigesimosegunda reimpresión: 2008
Páginas: 201

Poeta, narradora, ensayista y dramaturga, Rosario Castellanos (Ciudad de México, 1925-Tel Aviv, 1974) es conocida por ser una exponente del feminismo latinoamericano y por su obra de temática indígena. Aunque nació en la capital mexicana, pasó su infancia y adolescencia en el pueblo de Comitán, Chiapas. Hecho que marcó su narrativa, como lo muestra, entre otros títulos, Los convidados de agosto (1964), el cual consta de tres cuentos y una novela corta.

“Las amistades efímeras”, el primer cuento del libro, trata de la amistad entre dos adolescentes: Gertrudis y la narradora, un alter ego de Castellanos. La historia se centra en la agitada vida amorosa de Gertrudis, quien primero tiene un novio, luego un amante y después se casa… De la narradora, en cambio, sabemos apenas algunas cosas: su inclinación por el estudio, su necesidad de explicarse a sí misma a través de las palabras, el descubrimiento de su vocación gracias a la escritura de cartas… Es, sin embargo, en este último personaje donde acaba por recaer la fuerza de la historia. La revelación que tiene de la oposición entre la vida y la escritura –como posiblemente la tuvo en su momento la propia Castellanos–, por ejemplo, es de lo más interesante: “Al llegar a la casa tomé mi cuaderno de apuntes y lo abrí. Estuve mucho tiempo absorta ante la página en blanco. Quise escribir y no pude. ¿Para qué? ¡Es tan difícil! Tal vez, me repetía yo con la cabeza entre las manos, tal vez sea más sencillo vivir” (p. 29)

El segundo cuento, “‘Vals ‘Capricho’”, es la historia de dos solteronas: las hermanas Julia y Natalia Trujillo, a quienes su hermano, Germán, les encomienda educar a su hija para convertirla en una dama. Un proceso nada fácil para ellas, pues su sobrina es “una criatura de buena índole pero en estado salvaje”, una indígena, que las enfrentará con el qué dirán y la observancia de las buenas costumbres. Valiéndose de la ironía, Castellanos elabora aquí una crítica de la moral provinciana, se burla de ella; sin embargo, ese recurso alcanza por momentos cierta tosquedad que los personajes llegan a sentirse estereotipados.

Una solterona más compleja es la protagonista de “Los convidados de agosto”, el cuento que da título al libro. En él seguimos a Emelina, una mujer de treinta y cinco años (que hoy podría parecernos joven pero que en su contexto era considerada una vieja) que ha depositado sus esperanzas de encontrar el amor en la feria del pueblo, que se celebra en agosto. Si bien Emelina siempre ha buscado regir sus actos en aras de la decencia, experimenta un deseo contenido que tiene la urgencia de liberar: “Ella también llegaría a la vejez, pero sin haber estrechado entre sus brazos más que fantasmas, sin haber llevado en sus entrañas más que deseos y sobre su pecho la pesadumbre, no de un cuerpo amado, sino de una ansia insatisfecha” (p. 75). Como decía, se trata de un personaje interesante, que al dejarse ver acompañada de un forastero durante la feria se rebela contra los códigos morales de la sociedad conservadora en la que vive. Pero aunque su desafío tiene lugar en un día de fiesta, no habrá final feliz.

Por último, está la novela corta “El viudo Román”, en la que vemos al doctor Carlos Román iniciar una nueva relación amorosa después de haber permanecido largo tiempo recluido en su hacienda tras la muerte de su esposa. De nuevo, la escritora aborda aquí temas como el orgullo de las familias acomodadas de provincia. Se trata de una narración de cabos bien atados cuyo clímax está reservado para el final. Pero si bien el desenlace logra dar un vuelco a la historia, me temo que la historia me dejó un tanto indiferente.

Escrito hace más de 50 años, Los convidados de agosto conserva su valor como testimonio crítico de la vida en ese Comitán de mediados de siglo que tanto material dio a la autora con sus pasiones y resentimientos soterrados. Es una obra, sin embargo, cuyos relatos poseen una fuerza desigual.

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