los-dias-enmascarados-carlos-fuentes

Los días enmascarados – Carlos Fuentes

Año de publicación: 1954
Edición: Era, primera edición: 1982, vigesimoprimera reimpresión: 2017
Páginas: 85

En Los días enmascarados, el primer libro del escritor mexicano Carlos Fuentes (Panamá, 1928-Ciudad de México, 2013), se encuentran algunas muestras de lo mejor de su narrativa. Publicado el 11 de noviembre de 1954 –día en el que el joven Fuentes cumplía apenas 26 años–, se trata de una demostración temprana del talento y la poderosa capacidad de invención del autor que después escribiría novelas como La región más transparente (1958) y La muerte de Artemio Cruz (1962). Son seis cuentos de naturaleza fantástica los que conforman el debut literario de Fuentes. La muerte, el tiempo y la pervivencia del pasado son los temas de la mayoría.

“Chac Mool”, el cuento con el que abre el libro, tiene como protagonista a Filiberto, un burócrata que muere ahogado en Acapulco. A partir de este hecho, del cual se nos informa desde las primeras líneas, el narrador, un amigo del protagonista, vuelve atrás para develarnos que, antes de morir, Filiberto compró una enigmática escultura de Chac Mool (dios prehispánico de la lluvia) que poco a poco empezó a cobrar vida. Así, lo que comienza como un relato realista muda a una historia fantástica cuyas piezas ensamblan a la perfección. El cuento, una clara prueba de la gran imaginación de Fuentes, es sin duda el mejor del libro y uno de los más sobresalientes de la narrativa mexicana del género.

“Tlactocatzine, del jardín de Flandes”, otro mis favoritos, narra la historia del Güero, un hombre que se hospeda en una vieja casa de la Ciudad de México habitada por fantasmas de personajes de nuestra historia patria. Destaca en él la belleza, no obstante lo turbador del tema, con la que Fuentes describe a la anciana con la que el Güero se encuentra. La historia de amor y locura de esta bruja resulta asimismo conmovedora. “Tlactocatzine, del jardín de Flandes”, demás está decirlo, es un antecedente de ese pequeño clásico que es Aura (1962).

En Los días enmascarados, Fuentes también muestra su preocupación por el presente y el futuro del mundo. Por un lado está “En defensa de Trigolibia”, un divertimento del lenguaje que se ha interpretado como una sátira de la Guerra Fría –aunque podría serlo de cualquier guerra–; si bien, el autor se ha referido a él como una sátira de la retórica contemporánea: “Todo enemigo de Tundriusa, declararon los Trigolibificadores del Trigolibicado, es enemigo de la Trigolibia. Y los Nusitanios, para no ser menos, declararon lo mismo” (p. 30).

“El que inventó la pólvora”, por su parte, es un relato de ciencia ficción en el que el escritor lleva al extremo la consigna capitalista del “úsese y tírese”: “Usen, usen, consuman, consuman, ¡todo, todo!” (p.83). Aunque es un interesante ejercicio, que revela la preocupación de Fuentes ante la voracidad consumista, adolece de inverosimilitud en algunos momentos.

En resumen, Los días enmascarados es un libro que permite ahondar en los mundos ya conocidos de Fuentes y, al mismo tiempo, descubrir venas menos familiares de su narrativa. Especialmente vale la pena asomarse a “Chac Mool” y “Tlactocatzine, del jardín de Flandes”.

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.