los errores revueltas

Los errores – José Revueltas

Año de publicación: 1964
Edición: Ediciones Era, Bolsillo Era, México, 2014, pp. 372.
Precio: $169
ISBN: 9786074453775

José Revueltas (Durango, 1914-Ciudad de México, 1976) es uno de los grandes escritores mexicanos del siglo XX. Su prolífica obra (además de narrativa, escribió ensayo, teatro, poesía y cine), es un reflejo de su agitada vida, marcada por su militancia comunista y por su reclusión en varias cárceles debido a sus acciones políticas. Los errores (1964) es una de sus novelas más complejas por la variedad de recursos narrativos que utiliza y por la cantidad de reflexiones políticas y filosóficas que vierte en ella. Es también una abierta crítica a las prácticas del Partido Comunista Mexicano y del soviético, así como un retrato de la miseria, económica y moral, del lumpenproletariado: de todos aquellos que no tienen un lugar en el sistema de producción capitalista (desempleados, prostitutas…).

Los errores está construida en dos planos narrativos. Por un lado está la historia de Mario Cobián, un padrote apodado el Muñeco, que se dispone a robar el local de un prestamista para empezar una nueva vida con Luque, la prostituta con la que está obsesionado. Lo hará con la complicidad de un enano alcohólico, al que llaman Elena, enamorado de él. Por otro lado están Olegario Chávez y Eladio Pintos, dos de los comunistas que participarán en el asalto a las oficinas de un grupo anticomunista, en el contexto de una huelga de transportistas. En algún momento, la historias de unos y otros se cruzan, en una novela en que la acción ocurre en 24 horas de dos días de diciembre de 1941

El narrador es un narrador extradiegético que se enfoca en los diferentes personajes que van apareciendo a lo largo de la novela, y cuyos nombres dan título a cada capítulo (son 27, más un epílogo). Si bien, dichos personajes a veces sólo aparecen de manera incidental en el capítulo. El punto de vista centrado en diferentes personajes le permite a Revueltas dar diferentes versiones de los hechos, así como ir añadiendo nueva información. Por lo que puede hablarse de simultaneidad narrativa.

Revueltas recurre al monólogo interior para meter al lector en la mente de sus personajes. Ahonda en el agitado interior de sus criaturas, al punto que lo que recuerdan, traman o cavilan parece superar por mucho a sus acciones: sus afanosas mentes no hallan correspondencia con lo que viven. A lo largo de la novela, abundan estos pensamientos que funcionan asimismo como digresiones en las que el escritor puede filtrar sus reflexiones políticas y filosóficas.

En este sentido, destacan las palabras del personaje Jacobo Ponce –un maestro expulsado del partido por investigar el destino de uno de sus camaradas en la URSS– en cuanto a que brindan una de las claves para entender la tesis filosófica sobre la cual está construida la novela: “El hombre es un ser erróneo (…); un ser que nunca terminará por establecerse del todo en ninguna parte: aquí radica precisamente su condición revolucionaria y trágica, inapacible” (p. 85).

Los comunistas

Revueltas desarrolla esa idea de la condición trágica del ser humano como ser erróneo, aplicada a los dogmas del partido comunista, a las mentiras, a las falsedades y a los errores de sus miembros, para concluir que “el error del pensamiento es igual al error de su práctica” (p. 364). El humano es tan erróneo en el comunismo como en el capitalismo, parece decirnos el autor.

Sin embargo, no hay un solo tipo de militante comunista entre los personaje creados por el escritor duranguense. Por un lado, están los dirigentes del partido, que, sin ningún miramiento ético, son capaces de ordenar la muerte de un compañero cuando así lo consideran necesario (Patricio Robles, Ismael Cabrera). Por otro, están los miembros que forman las bases, que carecen de capacidad crítica y que no dudan en seguir cualquier mandato, aun criminal, de la cúpula del partido (el linotipista, Eusebio Cano, Januario López). Son los sacerdotes del partido, que han hecho de él una Iglesia y una Inquisición, como dice Revueltas. Pero también, entre los comunistas retratados por el autor, están los miembros cuya moralidad y razonamiento no han sido corrompidos por el partido (Olegario Chávez, Eladio Pintos, Jacobo Ponce), quienes vendrían a ser una especie de herejes que se rebelan antes los dogmas partidarios. Como lo fue el propio Revueltas.

Entre los comunistas, hay también un interesante personaje femenino: Ólenka Delnova, una mujer rusa que trabaja en el partido y que se ve obligada a incumplir con sus obligaciones debido a que tiene que cuidar de su madre alcohólica. Ólenka es acusada de traición y sometida a juicio –los famosos Procesos de Moscú–, pese a que en ella sólo se antepuso el deseo de proteger a su madre enferma frente a su posibilidad de denunciarla ante las autoridades sanitarias. Una situación similar a la que viven los protagonistas de las novelas de Milán Kundera, en las que se ve cómo el comunismo totalitario repercute en los asuntos privados de los ciudadanos.

El lumpenproletariado

En cuanto a los personajes que conforman el grupo del lumpenproletariado, la complejidad con la que Revueltas retrata a Mario Cobián resulta ejemplar. Se trata de un agresor y vividor de mujeres con un grave problema de desconexión con la realidad. Su desdoblamiento en el Muñeco, como un carismático y posesivo galán, resulta por demás interesante. Si bien, en todos los personajes opera una suerte de escisión de sí mismos. Su mente se aleja de ellos, y de la realidad, en un excelente recurso del autor para dar cuenta de la enajenación o alienación, para usar términos marxistas, en que viven.

El ser deforme que es el enano también es digno de mencionarse, por su amor enfermizo que siente hacia el Muñeco (“¡Mátame de una vez, Muñeco!) y, al mismo tiempo, por su deseo de controlarlo y de hacerle sentir que depende de él para que el plan de robo al prestamista resulte con éxito. El triángulo amoroso que forman el enano alcohólico, el Muñeco y Luque recuerda, por cierto, al de los personajes de La balada del café triste, en el que uno de los amantes es precisamente un enano, jorobado, además; un monstruo como a los que, con tanto amor y empatía, sabía dar vida Carson McCullers.

Luque o Lucrecia, por su parte, es una mujer de mediana edad que desde joven se dedica a la prostitución, y que en su vida no ha hecho más que huir: de su padre borracho, de un marido al que no quiere, de un hijo adoptivo enamorado de ella. Ahora es del Muñeco de quien intenta escapar: lo aborrece, le da asco. Para esta mujer, a la que su madre trajo al mundo sin quererlo y luego la abandonó, la vida no ha sido más que una cárcel, una idea frecuente en la obra revueltiana:

“(…) Su madre la condujo a esta prisión perpetua de la que Lucrecia siempre estaba huyendo, pero de la que jamás salía. El padre borracho, Ralph, la miseria, otros hombres, prostíbulos: distintas celdas de esa única larga cárcel que era el haber nacido a la vida, que era el que su madre no la hubiese podido abortar: tenía razón la pobre.”

Lucrecia es también una prisionera de su propio cuerpo, que, explotado por el Muñeco, entrega a otros hombres. Un cuerpo que Ralph, su primer marido, y también el Muñeco se sienten con el derecho de golpear. Este último, incluso, le propina una paliza que la deja al borde de la muerte. La frase aquella de “el capitalismo es la explotación del hombre por el hombre”, que pretendía resumir fácilmente el problema principal de este modo de producción, no contemplaba la todavía más degradante explotación de las mujeres por los hombres.

Los errores, la enajenación partidista o la causada por la obsesión amorosa es lo que une a los protagonistas, tanto a los proletarios como a los desclasados, que no son dueños de sí, de sus cuerpos y mucho menos de sus destinos.

José Revueltas publicó Los errores en una época en que las prácticas de los partidos comunistas aún eran defendidas a ciegas por muchos militantes. En ese contexto, no es de extrañarse que su novela haya recibido ataques por parte de escritores e intelectuales que apoyaban la causa comunista (hubo, incluso, quien se burló de las erratas con que salió la primera edición). Su denuncia, en vez de ser recibida como una lúcida autocritica, fue vista como una traición por los comunistas. Cincuenta y cinco años después, resulta admirable la claridad con la que el escritor comprendió su tiempo y con la que advirtió de los peligros que entraña cualquier cerrazón ideológica. Hoy, su novela, tan compleja y tan profunda, no acaba de decirnos todo lo que nos tiene que decir.

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