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Reseña | “Intimidad”, de Hanif Kureishi

Edición: Anagrama, Barcelona, 1999, trad. de Mauricio Bach, 143 pp.
Publicación original: Faber and Faber, Londres, 1998, en inglés.

Ésta es la noche más triste, porque me marcho y no volveré. Mañana por la mañana, cuando la mujer con la que he convivido durante seis años se haya ido a trabajar en su bicicleta y nuestros hijos estén en el parque jugando con su pelota, meteré unas cuantas cosas en una maleta, saldré discretamente de casa, esperando que nadie me vea… (p. 7)

Éste es el comienzo de Intimidad, la tercera novela del escritor británico de origen pakistaní Hanif Kureishi (Londres, 1954), que narra una separación amorosa desde el punto de vista de quien decide terminar la relación. Una novela que causó revuelo en el momento de su publicación no sólo porque el protagonista, obsesionado con sus amantes y con su juventud, desdeña su vida hogareña y decide abandonar a su mujer y a sus dos hijos pequeños, sino porque el propio Kureishi, entonces un cuarentón guionista de cine como su personaje, se estaba divorciando de su esposa, lo que contribuyó a que Intimidad fuera leída como un texto autobiográfico.

Más allá de cualquier polémica, si algo puede admirarse de esta novela corta, llevada al cine en 2001 por Patrice Chéreau con guión del propio Kureishi, es la brutal sinceridad del personaje principal, Jay, un hombre maduro que en apariencia lo tiene todo: una carrera exitosa -como el propio Kureshi, ha sido nominado al Oscar-, una esposa inteligente, dos hijos a los que adora, una casa hermosa. ¿Por qué entonces un buen día decide dejarlo todo y abandonar a su familia?

Podría decirse que toda la novela, que narra lo que ocurre en una sola noche, la noche previa a la “fuga a escondidas”, es la respuesta a esta pregunta. Son muchas las reflexiones que pasan por la mente del protagonista y pocas las cosas que, digamos, realmente ocurren, pues lo verdaderamente importante está en los pensamientos y las emociones que Jay experimenta antes de su partida: en las dudas, el miedo y la conciencia del daño que causará. Elementos con los que Kureishi ofrece no la típica versión del abandonado, sino de quien decide irse de la relación, y muestra que éste tampoco la tiene nada fácil, pues es quien ha de cargar con la responsabilidad de la separación y, previo a ella, lidiar con la vacilación.

Lo interesante de la novela está en la conciencia de Jay de que se acto de abandono, que sin duda lastimará a su esposa y a sus dos hijos, es al mismo tiempo un acto de liberación, un acto de deslealtad a su mujer, pero de lealtad a sí mismo. Porque la vida conyugal que describe es una vida sin amor, sin sexo, llena de infidelidades. Después de todo, quedarse, tras años de indiferencia, de indolencia ante esta situación, sería más triste y cruel que una separación. Algo que hoy nos puede parecer obvio, pero que sospecho que hace poco más de 20 años que se publicó la novela no lo era tanto.

En Intimidad, Hanif Kureishi hace una radiografía, nada edulcorada, del cadáver en que se ha convertido una relación. Se trata de algo así como del reverso de una novela romántica; si bien, si en algo no ha dejado de creer el protagonista es en el amor. Tal vez, como como ha dicho la antropóloga estadounidense Helen Fisher, especialista en relaciones amorosas, en esta época, las personas se separan y se divorcian no porque sean menos románticas, sino precisamente porque creen más en el amor y ya no están tan dispuestas como antes a atarse a una relación que no las hace felices. Ése es el caso de Jay.

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