tierra de nadie eduardo antonio parra

“Tierra de nadie”, de Eduardo Antonio Parra

Edición: Era, 1999
Páginas: 141
ISBN: 968.411.453.2

Eduardo Antonio Parra (León, Guanajuato, 1965) es uno de los escritores más destacados de la literatura mexicana actual. Narrador, ensayista y maestro de las nuevas generaciones, se ha dedicado sobre todo a la escritura de cuentos, aunque también es autor de un par de novelas. Los límites de la noche (Era, 1996), Tierra de nadie (Era, 1999), Nadie los vio salir (Era, 2001) y Nostalgia de la sombra (Joaquín Mortiz, 2002) se encuentran entre sus libros más conocidos.

La mayoría de las historias de este narrador mexicano está ubicada en pequeños pueblos o ciudades de la frontera de México con Estados Unidos: esa franja de tierra árida en la que los sueños y las pesadillas se juntan, abriendo paso a la frustración y a la violencia. Migrantes, obreros, prostitutas, indigentes… son los seres pobres, marginales y olvidados por la sociedad y el gobierno que habitan sus relatos.

Tierra de nadie es el tercer libro de cuentos de Parra. Está conformado por nueve relatos divididos en tres partes. Para hablar de ellos los he agrupado de una manera más o menos temática, que no corresponde necesariamente con el orden en que aparecen en el libro.

Los que se van y los que se quedan

Atravesados por la frontera de México con Estados Unidos, estos cuentos están poblados por aquellos que se van y aquellos que se quedan. Así, “La piedra y el río”, el relato con el que abre el volumen, es la historia de Dolores, una vieja que espera todos los días, en las orillas del río Bravo, a que su marido regrese de Estados Unidos. La vida se la ha ido en ello pero, aun así, esta especie de bruja, acompañada siempre de gatos y capaz de oír las voces del río, sabe que su Zacarías no ha muerto: de ser así, el Bravo ya se lo hubiera dicho.

Celia, la protagonista de “Viento invernal”, tampoco ha tenido noticias de Silvestre, su marido, pero sabe que algún día regresará con suficientes dólares para que ella no tenga que volver a trabajar en la maquiladora. En el cuento, la vemos a punto de parir a un hijo que no es de Silvestre y el cual está decidida a abandonar. Mientras tanto, su otro hijo duerme enfermo en un catre.

“El escaparate de los sueños” tiene como protagonista a Reyes, un joven que desde hace muchos años no sabe nada de su padre, quien se fue al “otro lado” y le aseguraba que todo lo bueno del mundo venía de El Paso. Reyes se gana la vida ayudando a señoras que cruzan la frontera a cargar sus compras en el puente desde el cual puede verse esa ciudad. Un puente en el que pasa cada día de su vida y que no es otra cosa que un escaparate para contemplar de cerca los sueños, como dice el narrador.

“Los últimos” es la historia de una familia que se resiste a abandonar el pueblo fantasma en el que vive, pese a que todos los demás habitantes han huido. “¿Cómo que no tenemos nada que hacer (aquí)? (…) ¿Y nuestros padres y abuelos? ¿Todos nuestros muertos? Están ahí enterrados, en ese panteón”, alega la madre a sus hijos cuando éstos le proponen irse. “Y quién dice que no son ellos mismos los que nos hacen esto?”, responde la hija.

Pero aun los que cruzan al “otro lado” no logran cumplir el sueño americano, como le ocurre a los migrantes de “Hotel Traveler”, uno de los cuentos más inquietantes del libro. En él, Gonzalo y David buscan refugio en un viejo hotel luego de que el primero enferma a causa del frío que los atajó al llegar a San Antonio. “Nunca debimos haber venido”, suelta David al ver a su amigo delirando a causa de la fiebre y presa de la pesadilla en que su viaje se ha convertido.

Tierra sin ley

La violencia que se da entre los que se quedan también está presente en varios relatos: “La vida real” es la historia de un periodista conmocionado por el asesinato de una pareja de indigentes a los que había fotografiado para dar a conocer su historia de amor. “Nomás no me quiten lo poquito que traigo” es la frase que una prostituta suelta sin querer a un par de policías que de manera violenta exigen sus servicios. Mientras que “Navajas” narra una pelea callejera entre dos jóvenes dudosos. Aunque, quizás, el relato más acabado en este sentido es “El cristo de San Buenaventura”, en el que un maestro rural descubre un sanguinario ritual que practican los habitantes del pueblo, sólo en apariencia apacible, al que llega a dar clases.

La violencia parece ser así el lenguaje de estos personajes, habitantes de esa tierra de nadie que da título al libro, de esa tierra sin ley que es la frontera de México con Estados Unidos y que Eduardo Antonio Parra ha sabido narrar con profundidad y con maestría.

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