todos deberiamos ser feministas chimamanda

Todos deberíamos ser feministas – Chimamanda Ngozi Adichie

Título original: We Should Be All Feminists
Año de publicación: 2015
Edición: Literatura Random House, 2018 (trad. Javier Calvo)
Páginas: 64

“En un momento dado llegué incluso a ser una ‘feminista feliz africana que no odia a los hombres y a quien le gusta llevar pintalabios y tacones altos para sí misma y no para los hombres’”.

Me gusta esta cita porque resume muy bien uno de los propósitos de Todos deberíamos ser feministas (2015): hablar y rebatir los estereotipos que hay alrededor del feminismo y de la palabra “feminista”. Desde las primeras páginas de este ensayo –que antes de convertirse en libro fue una elocuente y emblemática conferencia–, la escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Enugu, 1977) nos recuerda, no sin humor, la carga negativa que siempre han tenido estas palabras:

“Odias a los hombres, odias los sujetadores, odias la cultura africana, crees que las mujeres deberían mandar siempre, no llevas maquillaje, no te depilas, siempre estás enfadada, no tienes sentido del humor y no usas desodorante”.

Chimamanda habla de estos prejuicios con gracia, con ironía, mezclando reflexiones e ideas con anécdotas personales. Como la de aquel amigo de la infancia que le dijo que era “una feminista”con el mismo tono como si le estuviera diciendo: “Tú apoyas el terrorismo”. O como la de la académica nigeriana que le aseguraba que el feminismo era antiafricano.

A partir de experiencias propias y de personas que le son cercanas: familiares, amigos…, la autora también da cuenta de cómo la inequidad de género en efecto existe, si bien nunca falta quien esté dispuesto a negarla. Ahí está si no la historia de su maestra de primaria que no le permitió ser jefa de grupo pese a que ella había obtenido la calificación más alta por considerar que era un niño quien debía desempañar esa función. O la del valet parking al que Chimamanda dio una propina y le dio las gracias no a ella sino al amigo que la acompañaba creyendo que el dinero venía de él por ser hombre.

Con “pequeños” incidentes y sucesos a gran escala –como el hecho de que la mayoría de los cargos de poder estén ocupados por hombres o el que ellos ganen más dinero por el mismo trabajo–, la escritora expone la necesidad de que tanto mujeres como hombres denunciemos estas situaciones y hagamos algo para cambiarlas.

Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2 Chimamanda
La historia de Chimamanda está incluida en Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes 2.

Es imposible leer este libro y no identificarse, no reconocerse, en las circunstancias que la autora describe. El calificativo de “feminazi” con el que mis amigos –mujeres, incluso– tratan de denostar cualquier comentario o iniciativa feminista; el hecho de que aunque mi pareja y yo tuviéramos empleos y horarios similares fuera yo quien en su mayoría se encargase de los quehaceres de la casa, así como esas veces en las que los meseros le sirvieron la cerveza a él pese a que era yo quien la había pedido, me vinieron enseguida a la mente. Me sentí identificada pero también indignada.

Me gustaría que mis hermanas, que tanto temen a la palabra “feminista”, leyeran este libro, que mis amigas y mi mamá lo hicieran, pero también mi papá, mi novio y mis amigos. Por la brevedad de Todos deberíamos ser feministas, por lo clara y convincente que es Chimamanda, estoy segura de que podrán interesarse. Y porque, como concluye la escritora nigeriana:

“Sí, hay un problema con la situación de género hoy en día y tenemos que solucionarlo, tenemos que mejorar las cosas. Y tenemos que mejorarlas entre todos, hombres y mujeres”.

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