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El malentendido – Irène Némirovsky

Título original: Le malentendu
Año de publicación: 1930
Edición: Salamandra, Barcelona, 2013 (trad. José Antonio Soriano Marco)
Páginas: 158

Irène Némirovsky (Kiev, 1903-Auswitch, 1942) es una de mis escritoras de cabecera. Nacida en Ucrania y radicada en Francia, fue asesinada por los nazis en un campo de concentración de Auswitch cuando tenía 39 años. Pese a que para entonces ya era una escritora prestigiada, después de su muerte permaneció injustamente olvidada. Fue hasta principios de este siglo que el descubrimiento de un manuscrito inédito de su autoría desencadenó un fenómeno editorial –sobre todo en Europa– que poco a poco ha devuelto a Irène el lugar que merece en el mundo de las letras. Mi primer acercamiento a su obra fue precisamente con ese libro: Suite francesa (2004), una novela sobre la reacción de la sociedad francesa ante la invasión alemana durante la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, no dudo en leer todo lo que encuentro de ella.

Aparecida originalmente en la revista francesa Les Oeuvres en 1926 y publicada en forma de libro cuatro años después, El malentendido es la primera novela de Irène Némirovsky. Narra la historia de una pasión amorosa. Yves Harteloup, un oficinista y ex combatiente de la Primera Guerra Mundial, y Denise Jessaint, una joven y hermosa mujer casada con un viejo compañero de Yves, se conocen en la playa de Hendaya (Francia), donde, impregnados de sol, ternura y deseo, pasan unas anhelantes vacaciones de verano. Ambos regresan a París, donde se disponen a continuar con su idilio, pero inevitablemente los problemas empiezan a surgir: Denise experimenta una creciente necesidad de tener a Yves a su lado mientras que a éste le resulta imposible abandonarse a la relación.

La dificultad de los protagonistas no radica en sus esfuerzos por mantener oculta su pasión, como sería típico en una novela que aborda el tema del adulterio. Sus problemas tienen una mayor profundidad. Especialmente en lo que a Yves concierne. Él es un hombre marcado por la guerra –la Primera Guerra Mundial–, que mira melancólicamente al pasado, nostálgico por ese “paraíso perdido” representado en la figura de su padre, un hombre que vivió en paz y al que nunca le faltó el dinero ni el amor. Yves, en cambio, perdió la fortuna que había heredado tras la guerra y tuvo que empezar a trabajar como empleado en el área administrativa de una agencia de noticias. Pero “la mísera y rutinaria vida de oficinista” le parece repugnante, no sólo porque consume la mayor parte de su tiempo sino porque le impide vivir con la holgura que quisiera:

“Para empezar, hoy la vida es muy dura. Las fuerzas que antes se derrochaban en la pasión y el amor, ahora hay que reservarlas para resolver mil problemas cotidianos embrutecedores, insoportables… Para amar como ellos (los hombres que pertenecieron a la generación de su padre), se requiere tiempo libre, dinero… Qué suerte tenían. Su vida era tranquila, segura, holgada y alegre. Necesitaban emociones; nosotros, en cambio, sólo necesitamos descanso. Y, en el fondo, puede que el amor requiera palacios de mármol, pavos reales blancos y cisnes más de lo que se cree” (p. 68).

Es precisamente a esas circunstancias a las que Yves atribuye su incapacidad de sentir amor por Denise: “Lo que me pregunto, precisamente, es si puedo amar, amar como me gustaría” (p. 68). A esa duda, se contrapone la desesperación de Denise, que lo único que quiere es estar con él. Casada con un millonario y madre de una pequeña hija, ella vive llena de lujos y de ocio. Una existencia mundana que Yves no puede permitirse: “Yo no puedo darte lo que me pides. No es culpa mía, Denise. Quizá sea tan pobre en sentimientos como en dinero, no lo sé…” (p. 90). Todo esto desembocará en un desafortunado malentendido que marcará para siempre su relación.

El malentendido es una novela sobre una intensa y titubeante pasión, además de un testimonio descarnado de una época. Escrita hace más de noventa años, plantea una pregunta que no deja de ser pertinente: ¿qué  tanto  las condiciones sociales y económicas influyen en algo tan íntimo como lo son el deseo y el amor? Una primera y brillante muestra del talento de esa gran escritora, por fortuna resucitada, que es Irène Némirovsky.

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